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La Sal de la Vida | Politiki kouzina | A touch of spice

junio 3, 2010
“La Sal de la Vida ” o ” Un toque de canela”
Cocinando con amor…y por amor
- Título original: Politiki kouzina
- Dirección y guión: Tassos Boulmetis.
- Producción: Lilly Papadopoulou y Artemis Skouloudi.
- Música: Evanthia Reboutsika.
- Fotografía: Takis Zervoulakos.
- Origen: Grecia/ Turquía.
- Año: 2004.
- Duración: 108 minutos.
- Género: Drama.
- Elenco: Fanis Iakovides (George Corraface), Vassilis (Tassos Bandis), Saime (Basak Koklukaya), Savas Iakovides (Ieroklis Michaelidis), Soultana Iakovidou (Renia Louizidou), tío Aimulius (Stelios Mainas), Mustafa (Tamer Karadagli), Fanis niño (Markos Osse).
- Calificación: Todo Espectador.
Fanis Iakovidis es un famoso profesor de astronomía. Después de 35 años regresa a su ciudad natal, ya que su abuelo y mentor, “el abuelo Vassilis”, vive ahí y se está muriendo. Esta visita se presenta como un acontecimiento clave en su existencia, ya que lo obliga a reencontrarse con su primer amor y con el hombre que le enseñó los secretos del cielo y el especial uso de las especies y los condimientos a la hora de cocinar… y de ponerle sal a la vida.
A muchos críticos les ha hecho recordar películas como “Como agua para Chocolate”, de Alfonso Arau; “Comer, beber, amar”, de Ang Lee, y por sobre todo, a Cinema Paradiso, por ser un filme nostálgico, humano y sencillo, donde también existe una evocación a la infancia y una especial relación entre un anciano y un niño.
“La Sal de la Vida”, el filme griego escrito y dirigido por Tassos Boulmetis, posee esos mismos elementos, donde Fanis, el protagonista, debe volver a su ciudad natal donde se reencuentra con el amor de su infancia y su abuelo, retomando así aquellas enseñanazas que “condimentaron” su vida y le dan un sentido a su solitario presente.
La historia se enmarca en la década de los ’60 en Estambul, cuando la tensión entre Turquía y Grecia está en aumento. Para que entiendas, la historia es más o menos así…
Poco se sabe en Occidente acerca de los padecimientos de los helenos en los territorios turcos de Esmirna, de las ciudades y pueblos que circundaban el Mar Negro y de aquellos que vivían tanto en la polis (Estambul) como en sus alrededores, a comienzos del siglo XX. Finalmente, los griegos que vivían en el Asia Menor fueron expulsados de los territorios turcos a raíz de un tratado internacional firmado en 1922 y salieron en calidad de refugiados en dirección a la madre patria. Allí no fueron bien recibidos por sus compatriotas, quienes en forma peyorativa los llamaban “turcos”.
Por otra parte, los griegos de Asia Menor, herederos de la cultura del Imperio más longevo de la Historia de la Humanidad – el Bizantino, que tuvo una duración de diez siglos y cuya capital fue la bella Constantinopla – tuvieron acceso a una cultura y refinamiento superiores que los griegos que residían en la madre patria.
Las tierras de la actual Turquía eran fértiles, y en los puertos de Esmirna y Estambul se efectuaban negocios de alta escala, como exportación de frutas, tabaco rubio y minerales, entre otros. Los “turcosporos” (semillas de turcos), como le decían los griegos a sus compatriotas del Oriente, tenían acceso a escuelas donde se enseñaba el inglés y el francés y las damas helenas eran refinadas y elegantes, lo que provocaba rechazo entre las mujeres que vivían en Grecia.
El refinamiento del Oriente también influyó en las comidas de los griegos del Asia Menor. Imitaron muchos platillos y dulces turcos, y aprendieron a utilizar las maravillosas especias que llegaban a los puertos de Estambul y Esmirna, provenientes del Asia.
En esta atmósfera de convivencia entre turcos y griegos se crió el protagonista. Por su historia, la película hace sonreír y emociona, y lo doloroso queda oculto. Una estructura simétrica ordena los acontecimientos en tres saltos al pasado, que corresponden a las comidas: entrada, plato principal y postre (principio, núcleo, desenlace).
De acuerdo a los críticos, el director fue capaz de otorgarle a la película una fotografía y una puesta en escena que va de la mano con el tono nostálgico de la historia: predomina el color sepia y cada encuadre está pensado para conmover al espectador, metiéndolo en la intimidad de los personajes o en lo imponente de aquellos paisajes lejanos que adquieren la apariencia de gigantescas postales de la época.
Condimentando la vida
Fanis Iakovides es un destacado profesor de astronomía a nivel internacional, cuarentón, que está pasando por una crisis existencial. Viaja hacia Estambul donde vive su abuelo Vassalis (Tassos Bandis) – antes propietario de un almacén de productos y especies – quien ahora se está muriendo.
Así, regresa a la ciudad que lo vio crecer y a los recuerdos de su infancia: la vida de un Fanis niño – adolescente que, debido a la tensión entre turcos y griegos, es deportado junto a su familia a Atenas, mientras su abuelo se queda en Estambul.
El niño crece esperando el día en que su abuelo regrese, mientras se convierte en un excelente cocinero que utiliza sus habilidades culinarias para condimentar la vida de aquellos que lo rodean.
Ha dejado atrás a Saime (Basak Koklukaya), su primer amor, y al abuelo, de quien el niño aprendió los secretos del cielo y del uso de especias y condimentos a la hora de cocinar y de ponerle sal a la vida. ”Eso” – le decía el abuelo – es lo que le da sabor a la vida”. Y también, y por sobre todas las cosas, “en la vida se debe cocinar con amor y por amor”.
Pero cuando vuelve, 35 años después, para reunirse con su abuelo y su primer amor, se da cuenta que él es quien ha olvidado agregar un poco de sal y un toque de sabor a su propia vida. Saime, transformada en una hermosa mujer, está separada y tiene una hija. A pesar de que Fanis aún la ama, ella decide regresar al lado de su marido porque su amor griego es un viajero errante sin rumbo que no le ofrece ninguna seguridad.
La voz en off del protagonista comenta los sucesos desde su perspectiva: su relación con Saime, las lecciones de su abuelo (que mezclan la “astronomía” con la “gastronomía”), y los rituales de la cocina bajo la creencia de que las especias usadas en la comida pueden alterar un estado de ánimo o profundizar un vínculo (por ejemplo, la canela hace que las personas se miren a los ojos).
Otro personaje que aparece y desaparece continuamente del filme es el tío Aimilios, un oficial de la marina mercante griega que ha recorrido todo el mundo, pero que nunca abandona a su familia. Él le dice en una ocasión a Fanis: ”Hay dos tipos de viajeros en la vida: aquellos que parten y aquellos que retornan. Los primeros miran el mapa, los segundos miran al espejo”.
En resumen, en la historia toman forma los hechos dramáticos (los griegos, en su patria, son tratados como extranjeros indeseables), el ritual de las recetas tradicionales (con sus efectos casi mágicos), y los simpáticos – y a veces extravagantes – miembros de esta familia griega algo “pintoresca”.
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